Comentando...
El compañero Raúl Guadalupe vuelve a la carga.  
Luego de su reciente publicación de El Evangelio
de Makandal y los hacedores de lluvia, entre otros
proyectos recientes de gran envergadura, nos ofrece
ahora Espectros del indigenismo en la narrativa de
Mario Vargas Llosa.  Como bien indica el título,
Guadalupe se lanza a la tarea de someter a crítica
rigurosa nada menos que a uno de los pesos pesados
del llamado “boom” latinoamericano.

En este ejercicio de análisis de Guadalupe no vamos
a encontrar una crítica literaria auto-contenida ni liviana.  
Aquí entran en juego varios factores: la formación de
Guadalupe como historiador, como
literato y como poseedor de un sólido bagaje
político-conceptual marxista.  Estos ingredientes se
combinan para la creación de una obra multilineal, en la
que se logra trazar con claridad y amplitud el complejo
cuadro de la producción literaria de Vargas Llosa
situando al autor y su obra en tiempo y espacio en
términos políticos, históricos, económicos, sociales y por supuesto literarios.  
Guadalupe deja claro que el suyo es un ejercicio de crítica literaria como lector esteta pero
también como lector ético, poniendo en la mirilla a las manifestaciones indigenistas en la obra
y el pensamiento político de Mario Vargas Llosa.  Dentro de su amplio y logrado análisis, me
parece importante señalar en Espectros del indigenismo… otros tres aspectos principales.  
Primero, la genealogía que hace de la nueva novela latinoamericana.  Segundo, su análisis de
las condiciones económico-políticas en que se desenvuelve dicha genealogía.   Y tercero, su
análisis crítico acerca del compromiso social del intelectual a partir de la teoría bajtiana.     

Raúl Guadalupe nos propone un texto felizmente hilvanado de principio a fin por el
cuestionamiento a la responsabilidad social del intelectual.  Un cuestionamiento traído y
sustentado sobre los lineamientos teóricos de Mikhail Bajtin, tales como el acto ético y la no
coartada del ser entre otros.  Sobre esos cimientos es que Raúl busca edificar su crítica,
exitosamente a mi modo de ver, hacia la narrativa y pensamiento vargasllosiano.
 
Raúl nos propone una genealogía de las tradiciones literarias latinoamericanas más influyentes
desde el Siglo XIX hasta el Siglo XX.  Es así como nos lleva de la mano echando un vistazo a
las distintas corrientes literarias del modernismo, el realismo, naturalismo, el indigenismo, el
regionalismo y el superregionalismo, como parte del linaje de lo que sería posteriormente la
nueva novela latinoamericana.  Una nueva novela que surge en medio de la efervescencia del
socialismo revolucionario en Latinoamérica y el resto del llamado tercer mundo.

Además, Raúl explora las formas en que se ha buscado definir el llamado “boom” o nueva
novela latinoamericana.  Por un lado Ángel Rama, que intenta explicarlo en parte como un
resultado, mucho más que político, sobre todo como la búsqueda de identidad de un
determinado público latinoamericano.   Y del otro, esta Carpentier  que rechazaba la palabra  
“boom”, según nos cuenta Raúl,  como desafortunada, como un término económico que no
definía a la nueva novela.  Que más bien esta había sido resultado del surgimiento de un
número considerable de escritores con temas y técnicas modernas.  O quizá la versión más
optimista de Cortázar, que veía el avance de la nueva novela como un reflejo del avance del
socialismo latinoamericano.

Raúl navega hábilmente entre esas aguas y nos propone definir la nueva novela de la siguiente
manera: “Ahora, la nueva novela no se debe definir con el sello mercantil con que las
editoriales han pretendido definirla.  Si bien no se puede negar la importancia del hecho
mercantil, tampoco se lo debe sobrevalorar.  Sería un error pensar que el nuevo auge de la
novela se debió a un accidente histórico, en el que coincidieron varios autores geniales, que
lograron trascender la novela tradicional.  A mi entender, la nueva novela es producto de una
corriente socio-cultural figurada por una tradición literaria (o ciertas tradiciones especificas a
ciertas áreas o países en América Latina) en el curso histórico desigual y simultaneo de nuestro
continente.”  (Guadalupe, p. 85)  

Simultáneamente, Raúl se sirve de la crítica marxista de la economía política para elaborar un
breve análisis histórico de las condiciones materiales en Latinoamérica que sirven de escenario
cultural y de base material a dichos movimientos literarios.  Es evidente su uso del concepto
del desarrollo desigual y combinado elaborado de forma explícita por primera vez por León
Trotsky.  Como también de El Capital de Karl Marx.  De ahí parte para presentarnos de forma
acertada una Latinoamérica en lucha por superar su pasado reciente colonial y por definirse
identatariamente en el plano cultural y por supuesto literariamente.  Y al mismo tiempo
enfrentando a las fuerzas sociales y económico-políticas que van dando forma a esas
manifestaciones e influenciándose mutuamente, tanto nacional como internacionalmente.

El lastre del colonialismo español y de lo que será entonces la nueva amenaza del neo-
colonialismo impuesto por las potencias capitalistas europeas y por los EEUU se junta con los
vestigios de las estructuras de sujeción colonial al interior de las incipientes sociedades
latinoamericanas y sus respectivos estados nacionales.  Y es ahí donde Raúl, ya entrado en la
crítica a Vargas Llosa, nos señala la defectuosidad de estos frente a uno de los vestigios
coloniales más importantes: el de la opresión y sometimiento de las etnias o naciones indias en
Latinoamérica por los estados nacionales como el Perú.  Estados nacionales cuyas clases
dominantes, herederas del viejo imperialismo europeo, a la vez que sometidas al circuito
capitalista e imperialista de nuevo cuño de las grandes potencias, que ven como única salida
hacia la modernización; la completa aniquilación de las culturas indígenas.  Es decir, que
apuestan a una modernización capitalista, paradójicamente dependiente, sometida a los
intereses nacionales de los países subdesarrollantes, como diría Raúl.

Otro aspecto importante  que menciona Raúl al respecto es lo que él llama “los aparatos
hipertrofiados del poder estatal”.  Es decir, el fuerte militarismo que ha caracterizado a
proyectos nacionales como el peruano ante la incapacidad de sus clases dominantes de lograr
una hegemonía cultural en el sentido gramsciano.
Según este panorama expuesto por Guadalupe, la literatura como práctica social no escapa a
estas tensiones y violencias.  Y es a partir de ahí donde Raúl aborda el tema del indigenismo
cuyas diversas vertientes nos las trae representadas por Gonzalez Prada, Mariátegui,
Vasconcelos, Molina Enríquez y Manuel Gamio entre otros.
 
  Raúl consigue presentar su caso de modo convincente a partir sobre todo de su crítica a las
novelas El hablador y La casa verde.  Este identifica la teoría literaria  vargasllosiana como un  
real-formalismo en el que  a pesar de no utilizar un lenguaje formalista, comparte el objetivo
estético de vivir otra realidad o el “extrañamiento global de la realidad”.  Aquí Guadalupe sitúa
a tanto a Vargas Llosa como a Carlos Fuentes y trae a colación la discusión que se da al
respecto entre los textos de Boris Mikhailovich Eikhenbaum y Fredric Jameson.

La narrativa vargasllosiana, según presentada por  Guadalupe, en su vaivén entre las
influencias de Sartre, Camus y Flaubert entre otros, queda al descubierto como impregnada de
un fuerte indigenismo reaccionario, caracterizado por un rechazo visceral a las culturas
indígenas y a la heterogeneidad cultural como obstáculos a la modernización del Perú y de
Latinoamérica.  Una modernización que Vargas Llosa defiende a ultranza como modernidad
capitalista, neoliberal.  Lo que el filósofo mexicano Fernando Buen Abad llamaría en días
recientes “depredación y crimen sin atenuantes”,  como definición del capitalismo.  Eso
explica los agrios y repetidos ataques de Vargas Llosa al presidente indígena de Bolivia, Evo
Morales y a su hasta ahora exitoso proyecto de Estado Plurinacional, que por cierto ya cuenta
con una agencia espacial y programa nuclear propios.

No puedo dejar de mencionar algo que llamó poderosamente mi atención.  En la página  #245
de Espectros del indigenismo…, Guadalupe cita a Vargas Llosa a propósito de las supuestas
influencias de Mariátegui en Yawar Fiesta. Dice Vargas: “Lo que la razón dicta a los cholos es
acabar con la fiesta india, que para ellos es manifestación de atraso, un espectáculo en el que
los comuneros son corneados para diversión de sus verdugos…” […].    Esto es muy curioso
porque Vargas Llosa pareciera haber llegado al clímax de esa segunda etapa abiertamente pro-
capitalista  que muy bien delinea Guadalupe, convirtiéndose en súbdito español en 1993.  Eso
en momentos en que la España neoliberal, uno de los parientes pobres de la Unión Europea, en
la que aún se debaten las “bondades” de la monarquía y de las corridas de toros, es cada vez
más una realidad para miles de personas el tener que vivir sin trabajo, en la calle y buscando
comida entre la basura.

Quisiera también añadir, como historiador, cuatro puntos breves para la reflexión sobre algo
que me perturbó mucho.  Y es ese profundo desprecio que parecen tener los Vargas Llosa de
este mundo hacia las culturas indígenas.  En primer lugar, me hago eco del planteamiento que
trae Raúl en la página #145 de su libro, en la que cita a Guillermo Bonfil Batalla cuando dice
que “Al no reconocer que el problema indígena reside en las relaciones de dominio que
sojuzgan a los pueblos colonizados, el indigenismo ha derivado generalmente –en la teoría,
pero sobre todo en la práctica- en el planteamiento de líneas de acción que buscan la
transformación inducida- y a veces compulsiva- de las culturas étnicas, en vez de la quiebra de
las estructuras de dominio.”

En segundo lugar, las culturas indígenas de América son tan diversas y complejas cultural y
étnicamente como lo son sus problemas.  Baste con mencionar dos casos.  Uno es la actual
lucha de resistencia en North Dakota por parte de la tribu Sioux Standing Rock y un centenar
más, unidas por primera vez en contra de la expropiación de sus tierras para el establecimiento
de un oleoducto.  Una lucha que compara en intensidad con la de Vieques, Puerto Rico contra
la Marina de EEUU.  Y el otro caso es el del documentalista Nilson Tuwe Huni Kuin de la
etnia huni kuin que viven en aislamiento voluntario en la frontera entre Perú y Brasil.  Estos
están enfrentando graves problemas, los cuales ha logrado captar y transmitir este realizador
indígena con pintura facial, penacho e indumentaria tradicional y cámara digital
cinematográfica en mano.
 
En tercer lugar, siguiendo a la historiadora Roxanne Dunbar Ortiz en su libro An Indigenous
People´s History of the United States, esta nos dice que Norteamérica, y añado yo América en
general, para el año de 1492 no era una tierra virgen, sino una red de naciones indígenas con
distintos grados de desarrollo.  América fue sede de tres de los siete centros mundiales de
invención y desarrollo independiente de la agricultura: en Mesoamérica, los Andes centro-sur y
el este de Norteamérica.  Dunbar subraya el comercio de la turquesa y el maíz como parte de
una red continental de intercambio cultural y económico antes de la llegada de los europeos.
(Dunbar, p. 26)

En cuarto y último lugar, no quisiera dejar fuera que tanto los planteamientos literarios y
políticos indigenistas de Vargas Llosa, como las políticas de los gobiernos de América con
respecto a las poblaciones indígenas, claramente violan la Convención para la prevención y la
sanción del delito de genocidio, aprobado por Naciones Unidas en 1948.  Tal como nos dice
Roxanne Dunbar, dicha convención menciona cinco actos que se consideran como genocidio si
es “cometido con la intención de destruir, total o parcialmente, un grupo nacional, étnico,
racial o religioso.”  Al respecto, reza así la Convención: “matar miembros del grupo; causar
serio daño mental o corporal a miembros del grupo; causar daño deliberado a las condiciones
de vida del grupo de forma calculada para llevarlas al punto de destruir al grupo total o
parcialmente; imponer medidas dirigidas a prevenir nacimientos dentro del grupo; la
transferencia forzada de niños del grupo hacia otro grupo.” (Dunbar, p. 20)  Vienen a mi mente
escenas de El hablador y de La casa verde.

En este punto, dirán ustedes con razón: ¿Qué pasó entonces con el Vargas Llosa insurgente,
socialista, el de aquello de que la “literatura es fuego”?  O parafraseando a Zavalita en
Conversación en la Catredral: ¿En qué momento se jodió Vargas Llosa?  Eso mis amigos se los
dejo a los lectores de Espectros del indigenismo, que espero sean todos ustedes.  Solo les diré
que en la hipótesis de Raúl Guadalupe,  Vargas Llosa postulaba ideas izquierdistas pero “no
estaba dispuesto a arriesgar su papel de escritor por dichas ideas.”  Es decir, había una tensión
entre su compromiso social y su compromiso con la literatura (Guadalupe p. 65, 248).

Espectros del indigenismo… es sin lugar a dudas un libro bien logrado y digno de leerse.  Está
claro que se trata de un texto dirigido más bien a estudiantes graduados o  especialistas.  Sin
embargo, la claridad de su exposición y la cuidadosa estructura del mismo hacen factible que
esté al alcance del lector promedio más avezado.

Académicamente, el potencial de esta obra en manos docentes emprendedoras son muchas.  A
mi juicio, puede ser utilizado en cursos de historia o literatura del Perú e hispanoamericana, de
teoría literaria y de estudios interdisciplinarios.  Su marcado tratamiento filosófico sobre la
función de los intelectuales abre otro abanico de posibilidades en estos tiempos de Junta
Colonial de Control Fiscal.  Máxime cuando hoy en día este tema apenas se discute.  Y más
aún, en que ha ganado terreno una visión cínica sobre la función del intelectual, como un bien
individual, un “commodity” que puede comprarse en cualquier universidad y en el que poco o
nada importa la responsabilidad social de su propietario.
vieques1910-1950.com
@Historia rebelde
Presentación del libro Espectros del indigenismo
en la narrativa de Mario Vargas Llosa
, de Raúl
Guadalupe de Jesús.
6 de octubre de 2016, Centro de Estudios Avanzados
de Puerto Rico y el Caribe
                                               por: Miguel A. Santiago Ríos  
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